El destino nos permitió encontrarnos una vez mas, tire mis cosas y sin previo aviso mi alma se fundió con la tuya en la profundidad de un beso. Esa noche había sido muy esperado por ambas partes. La luna nos comenzó a espiar por la ventana iluminado la habitación que reposaba en espesa oscuridad y el frió iba abandonando nuestros cuerpos poco a poco. No podíamos dejar de besarnos, me enloquecen tus labios, desearía poder besarlos y acariciarlos toda la eternidad. Mis brazos te apretaban contra mí, no quería tenerte lejos ni un segundo, mientras que los tuyos me rodeaban el cuello. Solo deseaba estar junto a ti, solo deseaba demostrar todo lo que sentía en ese instante con un beso y una caricia, pero nuestro amor aumento a cada segundo y mis manos acompañadas de las tuyas comenzaron a rondar cada vez más lejos. No pensábamos en nada, solo dejamos que nuestros cuerpos fueran esclavos de nuestra pasión y amor.
Las cortinas danzaban al ritmo del aire, tocando de vez en cuando nuestros cuerpos que descansaban desnudos sobre la cama aun tibia.
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